Cristo viene pronto........
 

La Fe


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La certeza de lo que se espera, la combiccion de lo que no se ve ( Hebreos 11: 1)

Fondo Bíblico: Mateo 8:5-13; Lucas 7: 1-10

Introduccion

Mateo, el escritor del primer evangelio presenta su material en forma ordenada. El presenta secciones de enseñanzas, luego, secciones de parábolas. Los capítulos 5, 6 y 7 presentan el sermón de la montaña. Allí Jesús impartió enseñanzas que no sólo tenían que ver con sus oyentes inmediatos sino que también tienen gran valor y significados para nosotros en el día de hoy.

El estudio de esta semana cubre la ocasión de la sanidad del siervo del centurión de Capernaum, uno de los ocho milagros registrados en el capitulo 8 de Mateo. Aquí nos damos cuenta de la bondad y el amor de Jesús al tocar a un inmundo leproso y limpiarlo totalmente de su mal. El mismo amor divino hace que se realice la sanidad del esclavo de este centurión. La sanidad de la suegra de Pedro fue seguida por una serie de sanidades obradas por el Señor en una multitud que sufría de diversas enfermedades. El hecho de que un escriba quisiera seguir a Jesús también es un milagro muy especial. El milagro realizado al calmar la tempestad y la sanidad del endemoniado son los dos últimos milagros con los que se cierra triunfantemente el capítulo ocho de Mateo.

Exposición bíblica

I. La expresión de la fe eficaz Mateo 8:5-9

A. Una petición humilde

Era una larga trayectoria, varios kilómetros de camino, desde el lugar donde Jesús dio el sermón del monte hasta la ciudad de Capernaum, pero las noticias de su regreso llegaron mucho antes que él. Tan pronto como entró a la ciudad, un centurión romano vino a él en busca de ayuda. Un esclavo suyo se encontraba gravemente afectado por una parálisis que probablemente le inmobilizaba una parte de su cuerpo, mientras que otras partes estaban siendo atacadas por un terrible dolor. Aparentemente, aquel siervo estaba a punto de morir.

Según el texto griego, el centurión se refirió al enfermo como "mi muchacho" (ho pan mou), no con el fin de empequeñecerlo, sino con la intención de expresar así el gran afecto que sentía hacia este esclavo suyo. (Vea Lucas 7:2). El original también indica que la enfermedad del siervo era crónica y que indudablemente había empeorado con el paso del tiempo. Lo cierto es que ahora su condición era realmente crítica.

La actitud de este centurión hacia su esclavo nos demuestra que el primero era un hombre excepcional. En el Antiguo Testamento sí se encuentran enseñanzas que abogan por un buen trato hacia los esclavos de parte de sus amos; pero entre los paganos, un esclavo quedaba completamente despojado de todos sus derechos. En realidad, de acuerdo con las leyes romanas no importaba lo que los amos hicieran con sus siervos. Un amo podía hasta matar a su esclavo, si así lo deseaba. Si el esclavo estaba muy enfermo o ya era demasiado viejo y ya no podía trabajar, el amo podía echarlo fuera y dejar que muriera de hambre. Los romanos trataban a sus esclavos en la misma forma en que trataban a sus muebles y objetos materiales; la esclavitud era una total despersonalización. En cambio, este centurión demostraba un gran amor y una profunda compasión por su esclavo.

También es digno de notarse que aunque es verdad que los romanos habían conquistado y estaban dominando a los judíos, Jesús no los aborrecía ni menospreciaba a sus esclavos. Su amor se derramaba y beneficiaba de una manera muy especial a los menospreciados, los sufridos, los pobres y todos aquellos que padecían las injusticias y las ingratitudes de los demás. Es interesante observar que la Biblia jamás se expresa en contra de los oficiales del ejército romano. Es probable que hubo muchos malos entre ellos, pero la Biblia solamente se refiere a aquellos que hicieron algo bueno.

B. La voluntad de Jesús

Las tradiciones de los escribas y los fariseos (tal como se ve en el Talmud judío) consideraba la casa de un gentil como inmunda, Si algún judío entraba a una casa de gentiles era considerado como contaminado. Pero eso no detuvo a Jesús. El ama el ver a los seres humanos sanos y satisfechos. No podemos leer el Nuevo Testamento sin reconocer que Jesús sentía una compasión inmensa por los necesitados: La Biblia claramente indica que él sentía compasión por ellos "porque eran como ovejas que no tenían pastor", por eso era que procuraba que todos vinieran a él y lo siguieran. (Vea Mateo 9:36.) Su verdadero propósito al venir a la tierra era morir en la cruz del Calvario, no sólo para quitarnos el pecado y la culpa que nos agobiaba sino también para llevar sobre si nuestras enfermedades y nuestras dolencias. (Vea Isaías 53:4, donde se habla de enfermedades y dolores físicos, tal como se traduce en Mateo 8:17, un pasaje que nos demuestra que Jesús sanó las enfermedades de los que venían a él, aun antes de ser crucificado.)

Todo lo que Jesús esperaba hallar en los que le oían era fe (Hebreos 11:6). La Biblia nos enseña que todos los dones y las bendiciones de Dios son concedidas al creyente por gracia, a través de la fe. Un hombre sin fe es semejante a las ondas del mar "que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra" (Santiago 1:6). Pero Jesús tomó en cuenta el amor, el propósito y la fe que hicieron que este centurión viniera a él. En el instante, el Maestro prometió ir a la casa del centurión para sanar al esclavo enfermo.

Enseñanza práctica:

La única manera de agradar a Jesús es demostrando fe. "Porque sin fe es imposible agradar a Dios (Hebreos 11:6). Esta no tiene necesariamente que ser una fe demasiado grande. El dijo que una fe tan pequeña como un grano de mostaza es suficiente como para realizar grandes cosas.

La fe se echa de ver en la manera de actuar de una persona. La ansiedad y el temor son dos grandes indicadores de falta de fe. Jesús tuvo que reprocharles a sus discípulos su falta de fe en las distintas oportunidades en que ellos manifestaban los síntomas mencionados arriba (Mateo 6:30; 8:26; 14:31; 16:8). Cuántas veces a la semana - o quizá al día -, nosotros también nos mostramos preocupados y atemorizados por problemas financieros, por la salud, por situaciones de trabajo, por realizar las actividades en el tiempo en que debemos realizarlas, etc. Todo esto es una demostración de que somos "hombres de poca fe", y eso no es agradable para Jesús. De acuerdo con las enseñanzas que él diera en su palabra, ni siquiera debemos preocuparnos por lo que comeremos o lo que vestiremos (Mateo 6:30).

Puesto que la fe viene por el oir la palabra de Dios (Romanos 10:17) es esencial que todo cristiano dedique una buena porción de cada día leyendo la Biblia y ocupado en las cosas de Dios. De esta manera permanecerá siempre en contacto con él, que es la fuente de su fe.

C. Una fe inteligente

Viéndolo bien, este centurión era un creyente en el único y verdadero Dios, y además de eso comprendía muy bien los sentimientos de los judíos entre quienes vivía. Por eso fue que no vino directa y personalmente a Jesús con su petición, sino que lo hizo a través de los ancianos de los judíos (Lucas 7:3). Mateo, en su descripción de este evento concentra su atención en la respuesta del centurión, la que realmente fue dada después de que éste se dio cuenta de que ya Jesús se disponía a hacer una visita personal a su hogar para sanar al siervo.

Pregunta: ¿Por qué razón aquel hombre le envió a decir al Señor que no era digno de su visita?

Lo más probable es que al expresarse así, este centurión no se estaba refiriendo a su despreciable posición como militar romano ni a su triste estado como perdido pecador, porque de ser así, los ancianos de los judios no hubieran hablado tan bien de él, haciéndole ver aJesús que aquel hombre amaba a los judíos y les había construido una sinagoga, lo que indicaba que él era una persona bondadosa y se distinguía por su generosidad. (Vea Lucas 7:5.) Las mejores personas muchas veces manifiestan el mayor grado de humildad y tienen una conciencia muy sensible; en cambio los que son menos dignos son los que más reclaman para sí y se glorían de ser perfectos.

Tampoco parece correcto suponer que la humildad del centurión provenía del hecho de que era gentil. Por el contrario, puesto que era un oficial romano, ciudadano de la nación que dominaba a los judíos bien podía mostrar arrogancia y desprecio a estos últimos; sin embargo, les mostró amistad y actuó bondadosamente hacia ellos. Por su parte, los judíos también estaban dispuestos a interceder por él ante Jesús.

La actitud humilde de este centurión bien pudo haber surgido del concepto que él tenía de la gloria y la grandeza del único Dios verdadero. Por otra parte, es probable que ya tuviera una idea de la santidad y del poder del Salvador, Jesucristo, ante quien intercedía en favor de su siervo.

Si el hubiera hecho alarde de su rango y de su importancia sobre el pueblo judío y como tal hubiera pretendido hacerle demandas a Jesús para que sanara a su enfermo, no hubiera tenido la oportunidad de ver la grandeza de Cristo, como tampoco hubiera podido ver la obra restauradora del Señor. Es nuestro orgullo, no nuestra indignidad lo que muchas veces limita nuestra recepción de la gracia y el poder glorioso de Dios.

Enseñanza práctica:

Pregunta: ¿ Qué cualidades acompañan a

la fe genuina que agrada a Jesucristo?

El centurión demostró una gran humildad en su acercamiento al Señor. Su ejemplo nos presenta un aspecto de vital importancia de la fe verdadera

- un reconocimiento genuino de la grandeza y la santidad de Dios en comparación con la insignificancia y los defectos de uno. La fe reconoce las debilidades e incapacidades humanas y deposita una confianza absoluta y firme en la grandeza del poder y la misericordia de Dios.

En Gálatas 5:22, 23 encontramos varios atributos que también van adheridos a la fe genuina - amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe mansedumbre, templanza. ¿Está usted seguro de que estos frutos se están manifestando en su vida?

Pregunta: ¿ Cuáles eran las otras razones por las que el centurión estaba dispuesto a confesarle a Jesús que no era digno de que entrara en su casa?

El tenía un concepto bien claro acerca de lo que es la autoridad. El estaba consciente de que la palabra del emperador romano tenía un valor supremo en todo el ejército de Roma y que su autoridad se dejaba sentir a través de toda la estructura de aquella institución armada. Es decir, todos los oficiales daban órdenes, las que estaban basadas y descansaban en la autoridad del emperador, a quien ellos representaban, y todos los que estaban bajo esa jurisdicción tenían que obedecer. Hasta los oficiales subalternos, como este centurión (que solamente tenía autoridad sobre un grupo como de cien hombres) todo lo que tenían que hacer era dar una orden, e inmediatamente esta era obedecida al pie de la letra.

El centurión también manifestó un alto grado de inteligencia al reconocer que Jesús, como el Mesías, estaba actuando bajo la autoridad del Padre que lo envió. Cuando el emperador romano daba una orden, ésta era obedecida hasta en los últimos rincones de su imperio. Cuánto más podría ocurrir si Jesús daba una orden diciendo: "¡Sé sano!" El siervo sería sanado inmediatamente, sin importar el lugar donde tal orden fuera dada.

II. La alabanza de la fe del Centurión Mateo 8:10-12

A. Una fe admirable

Cuando el centurión, por medio de su fe,dio testimonio de la grandeza y del poder de Jesús, el Maestro también dio testimonio público de la fe de aquel oficial romano.

Jesús se maravilló ante la fe que manifestó este hombre. Los judíos tenían sus esperanzas fijadas en pactos y promesas. Ellos fueron puestos por Dios como custodios de las Escrituras y se dedicaban al estudio de las mismas desde su niñez. No obstante, su fe era muy débil y muchas veces tuvo que ser alentada a través de varios medios. En contraste con esto, allí estaba un centurión romano, un gentil, un hombre sin el trasfondo ni la herencia religiosa de los judíos. Su fe no demandaba ayuda de ninguna clase. El estaba dispuesto a aceptar la pura palabra del Señor. Hallar una fe como la de este hombre era como encontrar un gran tesoro. Por eso fue que el Señor se sintió maravillado y sorprendido al darse cuenta del grado de fe que tenía el centurión.

Solamente se registran dos ocasiones en los evangelios en las cuales Jesús manifestó sorpresa o admiración. La primera vez fue en Nazaret, donde quedó sorprendido por la tremenda incredulidad que embargaba a toda la aldea, la misma en la que él había crecido y pasado su juventud. En esta ocasión el Señor se sintió muy triste.

La segunda ocasión es esta en la cual estamos ocupándonos en el estudio de esta semana. Pero esta vez la frase griega es un tanto diferente a la que se usa en el caso anterior, porque aquí se indica que su sorpresa estaba combinada con cierta admiración, en lugar de la tristeza que experimentó en Nazaret. Una fe que se basa en el reconocimiento del poder de la palabra de Dios realmente es digna de ser admirada.

B. La llave del reino

Pregunta: ¿Qué distinción honorífica le concederá el Señor al centurión y a todo aquel que manifieste este un tipo de fe semejante al de él?

Todos aquellos que tengan una fe como la de este centurión tendrán un lugar de mucho honor durante el milenio en la mesa del banquete junto con los santos y los patriarcas del Antiguo Testamento. Ellos participarán de las bendiciones del reino venidero con Abraham, Isaac y Jacob, a quienes son dadas las promesas de Dios. Los judíos siempre consideraban a los gentiles convertidos al Judaísmo (o prosélitos) como inferiores a los que eran realmente descendientes fisicos de Abraham. En cambio Jesús casi coloca a los gentiles que han creído a la cabeza de la mesa, con todos los honores que solamente pertenecen a los más grandes del pueblo de Dios.

El Antiguo Testamento sí enseña que los creyentes gentiles efectivamente participarán de todas las bendiciones prometidas por Dios para su pueblo. Pero el hecho de que tanto judíos como gentiles disfrutarán de estas bendiciones basados únicamente en su fe en Jesucristo era todavía un misterio en los tiempos del Antiguo Testamento. No fue hasta que Dios lo reveló a través del apóstol Pablo que se entendió claramente que tanto los judíos como los gentiles son considerados como pecadores delante de Dios, y que la promesa por la fe en Jesucristo se dará solamente a los que en él crean. (Vea Gálatas 3:22; Romanos 3:9; 11:20.)

En el Antiguo Testamento se presenta el llamado divino que dice: "Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más" (Isaías 45:22). El pasaje de Isaías 55:1-5 también indica con toda claridad que Dios llama a todos los sedientos, no únicamente a los judíos. En el Nuevo Testamento vemos que todas las barreras son derribadas por medio de Jesucristo (Efesios 2:14,16). Los creyentes gentiles ya no son más extraños a la ciudadanía de Israel ni ajenos a los pactos de la promesa sino que son conciudadanos juntamente con todos los santos. Es más, todos los que han creído en Jesucristo han sido atraídos e integrados a la familia de Dios, con todos los derechos y privilegios que corresponden a los hijos de Dios (Efesios 2:19).

Por tanto, en Cristo desaparece toda distinción o separación entre judíos y gentiles. "Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan" (Romanos 10:12).

El centurión, por supuesto, no llegó a entender todo esto. No fue sino hasta después de la cruz del Calvario que se hizo claramente manifiesto que todas las barreras entre judíos y gentiles debían de desaparecer. Se necesitó de la experiencia de Pedro en la casa de Cornelio, donde los gentiles recibieron el bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia de hablar en otras lenguas, para que las barreras raciales empezaran a caer. (Vea Hechos 10:34, 35, 44-47; 11:15-18.) Sin embargo, como ya hemos visto, el centurión era un hombre sabio e hizo uso de su sentido común para alcanzar tan alto grado de fe en la palabra del Señor.

En Hechos 8:30 nos damos cuenta de que algunos gentiles interesados en las cosas de Dios leían al profeta Isaías. Si el centurión tuvo la oportunidad de leer Isaías 45:22 pudo haber sido muy fácil que él entendiera que Dios deseaba recibirlo, a pesar de no ser un descendiente de Abraham. Jesús confirmó todo esto al advertir que todas las barreras desaparecerían entre los creyentes en el reino venidero.

 

 

Pregunta: ¿Como reaccionó Jesús ante la fe del centurión? ¿Por qué?

III. Los resultados de la fe del centurión Mateo 8:13

A. La obediencia supuesta 

Ya el centurión había dicho: "Solamente dí la palabra, y mi criado sanará." En efecto, Jesús dijo la palabra. Pero la palabra que Jesús habló contenía un mensaje doble. La primera parte era el mandato de que regrese a su casa.

Pregunta: ¿Por qué cree usted que Jesús. no dijo simplemente: "Sea sano", para luego aprovechar la oportunidad de dirigir la palabra a todos tos que estaban a su alrededor?

La fe es algo más que una mera actitud mental de confianza. Tener fe es más que declarar públicamente que se tiene confianza en algo. La misma palabra griega de la cual viene el término "fe" puede también significar "obediencia."

Aun en medio de una situación de desesperación, como cuando una persona está a punto de morir, la fe no demanda ni exige nada de parte del Señor. Lo que hace es presentar la necesidad, recibir la palabra tal como es dada y obedecerla. Es verdad que hay momentos propicios para sentarse a los pies de Jesús, pero si en este caso el centurión o sus mensajeros se hubieran quedado sentados, la sanidad del hombre moribundo no se hubiera realizado. ¡La fe no solamente escucha la palabra de Dios; la obedece de forma incondicional!

Enseñanza práctica:

Pregunta: ¿En qué aspectos de su vida cree usted que la desobediencia está estorbando su fe?

La fe para la salvación de otros puede verse afectada y empequeñecida cuando uno no hace caso o desobedece las órdenes de Dios de orar, evangelizar, amar, usar sus dones, etc.

La fe para recibir sanidad puede verse estorbada si la persona está desobeciendo las instrucciones de Dios sobre lo que debe hacer con su vida. Dios no nos sana solamente para que nos sintamos mejor, sino para su honra y su gloria.

La fe que se necesita para resolver tantas situaciones - problemas finan-

cieros, problemas familiares, circunstancias deprimentes, etc. - puede ser deficiente cuando niño está en contra de las enseñanzas de la palabra de Dios.

Una actitud de constante desobediencia puede endurecer el corazón a tal grado que la persona deje de anhelar tener fe en Dios. En cambio, la obediencia a la palabra del Señor y la sumisión humilde a su autoridad divina pueden conducir a una fe dinámica y admirable.

B. La sanidad inmediata

Pregunta: ¿ Cuál fue la segunda parte del mensaje que Jesús le dio al centurión? ¿ Qué quería él dar a entender con esa "palabra"?

El Señor le dijo que exactamente en la misma forma en que El había creído, así le sería hecho. Dicho en otras palabras, una fe grande puede traer grandes resultados.

Cuando una persona saca agua de un pozo, ¿qué es lo que determina la cantidad de agua que logre sacar? ¡Por supuesto, es el tamaño del cubo con que la está sacando! El centurión creyó que Jesús era capaz de sanarle a su siervo a través de la distancia, con la autoridad de su palabra. De acuerdo con la medida de esa fe así fue hecho: el siervo fue sanado en aquella misma hora. Es decir, aquel fue un milagro inmediato.

Nuestro Dios es inmensamente rico para nosotros (Efesios 2:4; Romanos 10:12; Filipenses 4:19). El espera que actuemos con el mismo grado de fe que poseía este hombre. El siempre bendice y honra este tipo de obediencia.

Enseñanza práctica:

Una fe grande alcanza resultados grandes. La fe que reconoce a Dios

como el Rey Soberano del universo y como Señor de la vida personal podrá ver cosas maravillosas realizadas en el nombre de Jesús. Si somos conscientes de que Dios no actúa para nuestra conveniencia egoísta ni para nuestro placer meramente personal, sino para glorificarse a sí mismo podremos alinear nuestras esperanzas con su plan divino y ejercer una fe realmente efectiva.

Una manera apropiada de terminar esta lección sería pedirle a sus alumnos que tomen un momento para reflexionar y preguntarse en la intimidad de su alma cómo está su fe. ¿Es mi fe semejante a la de aquel centurión que descansaba totalmente en la autoridad de la palabra de Jesús ¿Tengo yo una fe digna de ser admirada por Jesús, como lo fue la fe de ese hombre? ¿Qué oportunidades tengo yo ahora para demostrar el grado de fe que poseo? ¿Estoy dispuesto a pedir la ayuda del Señor para mejorar y ejercitar mi fe?

Ve, y como creíste, te será hecho
.Los resultados de la fe del centurión

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